Yolanda, la escultora de santos en el Huila

La última vez que pintó la arquería del techo de la iglesia de Nátaga, casi pierde la vida. La escultora Yolanda Rojas se bajó del andamio que la sostenía a más de 15 metros de altura y segundos después la estructura se desplomó. Las llantas se abrieron y cayeron al piso. “Dios me protegió, la Virgen de Las Mercedes no quiso que perdiera mi vida”, dice. La majestuosa pintura, de diminutos troqueles dorados entrelazados con un azul fino en el techo alcanzó a terminarse.

Yolanda, de 55 años, empezó su vida artística pintando rostros en el piso. En las tabletas de su casa trazaba imágenes con su lápiz, su pincel. Y después, rápidamente las borraba con un trapeador. Lo que hacía era casi perfecto y su padre, Didimo Antonio Rojas, la observaba detenidamente.

Él-de Gachetá, Cundinamarca- era un curtido maestro en arte religioso. El escultor Calvo, de origen italiano, le perfeccionó su arte y él dedicó su vida a crear, pulir, tallar y pintar vírgenes, santos y otras figuras en cemento, yeso, resina…

“Mi padre fue todo para mí”, cuenta Yolanda, quien detiene su conversación, respira y se le aguan sus ojos. Didimo sufrió una enfermedad y terminó postrado en cama por un accidente casero. Y ella, sin imaginarlo, tomó las riendas del negocio que empezó a conocer a sus 18 años cuando solo pintaba. “Mi padre fundía, yo decoraba. Decía que yo tenía la soltura en la mano para pintar”.

Un día tenían que tallar en cemento una Virgen María de 2 metros, pero él, en su silla de ruedas, alcanzó a trabajarla desde la cintura hacia abajo. Ella hizo las partes superiores de la imagen. Sin embargo, algo salió mal y el yeso que elaboró su padre se desplomó.

“No podía someterlo a un doble trabajo, estaba muy enfermo. Por eso, en el nuevo intento lo hice yo”. Él- relata ella- jamás se enteró y pensó que había contribuido con la majestuosa obra que aplaudió el comprador.

Desde ahí Yolanda siguió sola. Su padre falleció y ella heredó su arte, su estética, su imaginación. Es empírica, pero no envidia haber pasado por la universidad porque sus trazos y sus obras perfectas reposan en grandes iglesias del país: Suaza, Tarqui, Nátaga, Pitalito, Neiva, además de templos en Valle, Caquetá y Cundinamarca.

En Garzón, en una de las glorietas, está su San Miguel Arcángel. El padre José Elber Rojas la buscó y le propuso construir la imagen de 3.8 metros y ella aceptó. “Es un ángel protector, fui muy feliz construyéndolo”. Lo fundió, lo talló, se subió en andamios- por lo gigante-, lo pintó y lo instaló. Tardó cuatro meses y medio, pero lo logró.

En su taller siempre hay santos, réplicas de La Milagrosa, la Virgen María, Aránzazu, el Sagrado Corazón de Jesús, el Divino Niño, además de brochas, lijas, pinturas… “Vivo acompañada. No tengo esposo, ni hijos, pero sé que mis imágenes me cuidan. Yo me siento protegida”, confiesa.

Cuando talló y pintó la escultura de Pedro María Ramírez, el beatificado de La Plata, Huila, sentía constantemente una energía bonita, un olor a flores, una presencia extraña. “Yo sé que en mi taller estaba él”.

 Elaboración

Con algunas imágenes Yolanda tiene un molde, lo forra en arcilla y después con un cuchillo de madera empieza a buscarle forma. Lentamente, en cada trazo, se van viendo los brazos, pies, manos, cabeza.

“Utilizo un molde perdido en yeso porque es único”, aclara. Después, pule ojos, cejas, boca, nariz. “Es emocionante porque dedico horas, me gusta que se vea el detalle, lo más real posible, es una representación y debe quedar exacta”.

Yolanda, quien vive en la entrada de La Plata, Huila, vive copada de trabajo, pero quisiera que su obra de arte religioso (como la de Saúl Rojas, su hermano, experto decorador de cielorrasos de templos) se conociera más, esté expuesta en todas las iglesias del departamento y cada vez más se promueva, a través de su talento, el amor y la cercanía por la Iglesia Católica.

 

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