Integrantes de cabildo indígena plantearon el Plan Integral de Reparación Colectiva

Con un paseo de olla para fortalecer los lazos de confianza, a orillas del río Fragua Chorroso en Caquetá se dio el encuentro con la comunidad jaieni diona, que busca definir los términos de su Plan Integral de Reparación Colectiva.

En este momento, la comunidad y la Unidad para las Víctimas revisan el documento de caracterización del daño, un proceso en el que se identifican de manera colectiva y participativa los daños que el conflicto armado dejó en este Sujeto de Reparación Colectiva Étnico; esto se dio en el marco de tres derechos colectivos fundamentales: territorio, autonomía y gobierno propio e identidad cultural.

La Unidad trabaja con los jaeni diona desde el 2018 y busca definir las medidas de restitución, rehabilitación, satisfacción, garantías de no repetición e indemnización en los componentes social, político y económico de esta comunidad.

Luis Fernando Perdomo, vocero de los jaeni diona, precisó que como integrantes del cabildo son responsables de orientar qué es lo que realmente necesitan para su reparación. Según dijo, es prioridad que la institucionalidad los apoye en la construcción de un entorno donde puedan realizar sus prácticas ancestrales de medicina tradicional, caza y pesca, así como sus rituales.

“La idea es hacer un alto en el camino para escudriñar sobre los beneficios que traerá la reparación que ofrece la Unidad, para proceder como pueblo unido a aceptarla. Nos parece importante el apoyo que quieren darnos para cuidar la preservación de nuestras costumbres ancestrales”, manifestó.

El cabildo 

El cabildo está asentado en el área rural de San José del Fragua, fue constituido en el año 2015 y lo conforman cerca de 90 personas, que representan 30 familias del pueblo murui (uitoto).

La preparación de los alimentos y el baño en el río fueron una oportunidad para recordar apartes de lo ocurrido entre los años 90 y el 2010, cuando la violencia los golpeó y los sacó de manera gradual de diferentes territorios, tanto del Caquetá como del Putumayo.

Sin embargo, en su mayoría, los habitantes del Resguardo Jaeni Diona vivían en Puerto Zabalo Los Monos, en Solano, el municipio más grande del departamento. Su tranquilidad fue alterada por homicidios, amenazas, trabajos y reclutamiento forzados, entre otros, por parte de grupos armados ilegales con asiento en la zona.

María Regina Uribe Peitecudo, quien tiene 12 hijos y fue desplazada en 2007 de la zona rural de Solano (Caquetá), evocó los días en que tenían la libertad de realizar sus prácticas ancestrales.

“Me gustaba hacer lo mismo que hacían mis padres y abuelos. Bañarnos en el río era un acto de purificación, éramos felices”, recuerda, mientras comenta que ahora siente que el peligro es permanente. “En la montaña donde vivíamos andábamos como nosotros queremos, sacábamos bejuco, hacíamos artesanías; aquí no podemos porque está lleno de gente extraña a nosotros y tenemos miedo”, manifestó.

“Queremos que nuestra reparación sea un bálsamo en la búsqueda de restaurar los elementos de nuestra cultura fragmentados por causa del conflicto armado. En esto hemos contado con el apoyo de la cooperación internacional y queremos, entonces, luego de este acercamiento, afianzar cómo sería el apoyo de la Unidad para las Víctimas”, reiteró Perdomo.

(FIN/NILR/COG/RAM)

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